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Ciencia y Técnica: Dos estrategias científicas para mitigar la mala nutrición
Enviado el Monday, 08 December a las 14:51:50 por opagola

Universidades
Alimentos económicos para la emergencia
Son raciones elaboradas sobre la base de soja y una sopa muy proteica
  • Fueron diseñadas por investigadores de un centro de Santa Fe, del Ejército y de la Universidad Nacional de Quilmes
  • Cuestan centavos por porción
  • Una de las contradicciones de la Argentina es exportar alimentos, y tener un 13% de sus chicos con desnutrición crónica y un 17% de los escolares con algún grado de anemia.
    Por centavos, se puede ofrecer buena calidad nutricional, afirman los investigadores
    Foto: Gentileza IESE-CERIDE


    El sistema científico, sin embargo, está comenzando a ofrecer respuestas para resolver el problema.
    Un ejemplo es el conjunto de siete raciones para emergencias alimentarias creadas por el Centro Regional de Investigación y Desarrollo de Santa Fe (Ceride) a través de un convenio entre la Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (Secyt) y el Instituto de Enseñanza Superior del Ejército (IESE). Otro, la supersopa desarrollada por tecnólogos en alimentos de la Universidad Nacional de Quilmes.

    Las raciones del Ceride y el Ejército pueden ser una herramienta eficaz para intervenir en focos de hambruna poscatástrofe, pero también podrían abastecer "bancos de alimentos" o comedores escolares. Que sirven se mostró cuando el río Salado entró brutalmente en Santa Fe. El Ejército empezó a repartir el stock de alimentos elaborado en el Ceride. Exito total: no hubo rechazo de ninguna de las raciones entre los aproximadamente 50.000 beneficiados. Se la vio no como "comida para pobres", sino simplemente como comida criolla. Algo más importante de lo que se pueda creer.

    Cuestión de gustos

    Puede suceder que la comida "de emergencia" genere rechazo entre sus presuntos beneficiarios porque no resulta afín a la dieta habitual.

    "Es que el hambre puede ser un hecho fisiológico, pero el apetito es cultural: un chino continental puede preferir el hambre antes que tomar leche, y un argentino, lo mismo antes que comer roedores", explica el doctor Julio Luna, director del Ceride. "Sin embargo, estamos hablando de fuentes de proteínas aceptadas por millones de personas de otros orígenes", añade el general Mario Remetin, secretario de Investigación del IESE.

    Las raciones del Ceride y el IESE, en este sentido, son guisos "al uso" de cualquier paladar local, aunque carecen de carne y surgen de combinaciones de distintos cereales con alisados proteicos de soja. Son muy calóricos y alcanzan una calidad de proteína muy alta por la complementación de aminoácidos esenciales.

    Estas raciones fueron diseñadas componente a componente para mantener saludables a personas con pocas opciones alimentarias. Pero, además, a 50 centavos la ración, resulta de cuatro a seis veces más económica que la comida repartida por los planes nacionales. Y con la infraestructura regional del Ejército para elaborar y distribuir, ese precio podría bajar aún más.

    La estrategia de la Carrera de Tecnología en Alimentos de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ), dirigida por el doctor Juan Segura, fue muy distinta: en lugar de siete guisos deshidratados, una única sopa concentrada, que se debe diluir en dos partes más de agua. En lugar de soja y cereales, carne, y en vez de "packaging" de polietileno engrampado, un enlatado común que garantiza -sin conservantes ni cadena de frío- una vida de anaquel de al menos un año. La lata de 4 litros que llega a los comedores escolares rinde 50 porciones, con un promedio de 90 calorías y un costo de 17 centavos cada una.

    Según la tecnóloga en alimentos Bárbara Fanili, de la UNQ, la elección de una sopa y no de un guiso deshidratado surgió de tratar de conservar al máximo el gusto original de los ingredientes (carne, legumbres, verduras), y de no pagar el costo de evaporar tanta agua, aunque ello implique asumir el costo de transportarla.

    Sin subsidios oficiales, la UNQ mantiene una planta de 1200 metros cuadrados con la ayuda de empresas altruistas (la lista figura en www.supersopa.unq.edu.ar ). "Si pudiéramos usar toda la capacidad ociosa de la planta, bajaríamos el costo de la ración de 17 a 13 centavos", dice Fanili.

    Por Daniel Arias
    LA NACION - 04/12/2003 Ciencia y Salud
    http://www.lanacion.com.ar/03/12/04/sl_551401.asp

     
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