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Ind.Nuclear: Alta tecnología argentina en Australia
Enviado el Tuesday, 25 May a las 21:12:24 por opagola

Ciencia y Tecnología
Construye un reactor nuclear la empresa rionegrina Invap
La obra estará terminada a principios del próximo año y producirá silicio para chips y radioisótopos para medicina; catorce técnicos e ingenieros de nuestro país dirigen los trabajos; la inversión es de casi US$ 200 millones 
Así se veía la construcción del reactor en agosto último. Ahora, razones de seguridad prohíben tomar fotos
Foto: Gentileza ANSTO/INVAP


SYDNEY (Australia).- El Centro de Ciencia y Tecnología de Lucas Heights, a una hora del centro de Sydney, es un conjunto de construcciones bajas, impecables pero despojadas, rodeadas de árboles y de un vasto terreno que ocupa varias decenas de kilómetros cuadrados de superficie.

En el corazón de ese paisaje bucólico crece día tras día una obra de altísima tecnología creada por un grupo de argentinos: la mole de hormigón de alta densidad (con mineral de hierro) y acero inoxidable que la firma Invap construye para la Organización Australiana de Ciencia y Tecnología (Ansto) y que, cuando esté concluida, será el reactor nuclear más moderno del mundo en su tipo.

Unos 14 técnicos e ingenieros de la firma rionegrina ya están instalados con sus familias en este suburbio de Sydney para conducir la culminación de las obras. "A principios del año próximo -advierte Juan Pablo Ordóñez, director general del proyecto por la parte argentina-, cuando comience el montaje del reactor en sí mismo, vendrán entre 25 y 30 personas más."

La empresa no sólo es de proporciones ciclópeas, sino de una complejidad difícilmente imaginable. Basta con tener en cuenta que, para rodear el núcleo -ese bloque compacto de uranio enriquecido, de 7 kilos de peso y el tamaño de un motor de lavarropas- se emplearán 300 metros cúbicos de agua desmineralizada, 10 metros cúbicos de agua pesada, 12.000 metros cúbicos de hormigón común y 3000 de hormigón pesado (especial para blindaje, en el que el agregado grueso se reemplaza por mineral de hierro para aumentar la densidad), cientos de kilómetros de cables y caños, identificados uno por uno con una precisión que atormenta, y más de 100 metros de espejos de tal exactitud que deben ser producidos superponiendo, una sobre otra, nada menos que quinientas capas de vidrio.

Un millón de horas hombre

Ordóñez, Pablo Abbate, Marcelo Barrera, Fernando Tiglio, Luis Garrafa, Eduardo Acosta, Eduardo Ablanedo, Gustavo Pittaro, Juanjo Pereyra, Alejandro Hambouris, Marcela Gomes, Paula Gómez, Irene Livolsi y Santiago Pereyra son sólo una pequeña parte del equipo que ya lleva invertidas en el proyecto casi un millón de horas-hombre y que deberá sumar unas cuatrocientas mil más (la mitad en Australia, la otra mitad en la Argentina), lo que representa un promedio de poco más de doscientas mil horas de trabajo en los próximos dos años. Más del 75% del total corresponde a profesionales y técnicos altamente calificados.

El llamado de Ansto para la precalificación de empresas interesadas en el diseño y la construcción del Reactor de Experimentación de Reemplazo (RRR, según sus siglas en inglés) se realizó en junio de 1998. Además de Invap, siete empresas superaron la preselección: dos de Estados Unidos, una de Canadá, Japón, Alemania, Francia y la República Checa.

Tras un largo proceso de análisis, el 6 de junio de 2000 Ansto se decidió por la oferta argentina -que no fue la de menor precio, pero sí la de mayor valor- por 170 millones de dólares. Posteriormente se firmaron contratos por veinte millones de dólares más. Entre los subcontratistas de Invap hay firmas de Rusia, Hungría, Francia, Estados Unidos. El proyecto cuenta con el soporte técnico de la Comisión Nacional de Energía Atómica.

"El proyecto argentino fue el mejor -subraya Ron Cameron, alto directivo de Ansto-. La gente de Invap trabajó muy fuerte para ofrecernos un reactor con las mayores capacidades. Son excelentes. Realmente muy buenos científicos, muy agudos y dispuestos a colaborar. La interacción con ellos ha sido muy fructífera."

El reactor -denominado "multipropósitos"- tendrá una potencia de 20 megavatios, 60 posiciones de irradiación para la producción de radioisótopos, 52 sistemas neumáticos de transporte y celdas calientes equipadas con brazos robóticos para manipular los radioisótopos de manera segura.

Estará equipado para irradiar silicio, material con el que la industria electrónica fabrica los chips que son el corazón de las computadoras y mercado en el que Australia ostenta el 40%. También contará con una fuente fría de neutrones que opera a unos 250 grados bajo cero (es decir, a 22 grados sobre el cero absoluto).

Buena ciencia, buen negocio

Cuatro guías de neutrones de hasta 60 metros de longitud serán utilizadas para transportar estas partículas subatómicas desde las fuentes hasta los instrumentos donde se utilizan para investigar las propiedades de materiales. Todo, dentro de una carcaza con paredes antisísmicas y resistentes a los cambios de temperatura, de un metro de espesor.

"Los neutrones son muy buenos para ver dentro de la materia -explica Juan Pablo Ordóñez-. Pero para lograrlo tenemos que iluminar bien las piezas que queremos estudiar, lo que implica que no podemos perder neutrones.

"Por eso las guías que los conducen a sesenta metros de distancia son piezas muy delicadas, fabricadas con quinientas capas de materiales por una compañía húngara.

"El nuevo reactor será una obra maestra que nos permitirá seguir siendo autosuficientes en radioisótopos de uso medicinal (de los que ya producimos 550.000 dosis anuales) y desarrollar nuevas sustancias terapéuticas y de diagnóstico", afirma Cameron.

Según el funcionario, que participa del proyecto desde su génesis, a través de su relación con las 37 universidades con que cuenta Australia, el nuevo reactor permitirá a los investigadores australianos realizar estudios sobre nanoestructura de materiales, actividad humana y su influencia en el clima, transporte de sedimentos, contaminación atmosférica, procesos de extracción de minerales, entre otras muchas áreas de interés.

"Creemos que la ciencia y la tecnología nucleares tienen aplicaciones de amplio rango, tanto en el sector médico como ambiental e industrial, y queremos ser los mejores", agrega el alto directivo australiano.

Y más adelante concluye: "Como solemos decir, good science is good business [la buena ciencia es buen negocio]."

Por Nora Bär
Enviada especial

http://www.lanacion.com.ar/04/05/23/sl_603630.asp
LA NACION | 23/05/2004 | Página 21 | Ciencia/Salud

 
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